CapÃtulo II
Tathar se dirigió hacia Darnassus, tenÃa un cometido que llevar a cabo, no era una obligación en si, sino algo que deseaba hacer, sentÃa el impulso de informar a los suyos no solo de que estaba bien, sino de que ya estaba buscando su destino, por eso, habÃa decidido escribir en un trozo de pergamino, un pequeño relato de lo que le habÃa acontecido en esos primeros dÃas fuera de su bosque natal, lejos del mundo de conocÃa y que añoraba, pero al que, por alguna extraña razón aun no sentÃa ganas de volver.
Esa misiva enviada a sus padres, no era muy larga, aunque tampoco corta.
“Queridos padres:
¿Como estáis todos por Lauriel? Yo ya he llegado a Teldrassil hace unos dÃas, mi primera parada en esta búsqueda tan importante para nuestro bosque.
Aquà también hay muchos problemas, se huele la guerra, estamos muy cerca del frente, de las ciudades y pueblos en los que se está librando la guerra contra la Horda. Me temo que pronto me veré envuelto en ella, noto que es mi destino, y es un destino que no puedo ignorar, pero no os preocupéis, eso no me hará olvidar mi prioridad, sabéis que daré mi vida por el bosque y por nuestra raza si hace falta, pero que no le fallare a la madre naturaleza bajo ningún concepto.
En estos bosques hay animales bastante peligrosos, sobre todo humanoides. Y ha habido muchos problemas, muchos de estos hijos de la naturaleza están llevando a cabo acciones muy poco propias de ellos, y tienen un comportamiento de nerviosismo y de miedo, además muchos parecen poseÃdos y me temo que es culpa de la Horda, de su cercanÃa.
Por primera vez en toda mi vida padre, he visto a un humano de cerca, he incluso he hablado con el, su nombre es akiles y es el lÃder de los Arkangeles, por lo que el mismo me dijo, no pude notar que su futuro es muy prometedor, y que jugara un gran papel en estos tiempos tan complicados aunque sea un simple humano mortal.
También he conocido a algunos elfos, de rectitud y honor intachables, que lo dan todo por nuestra raza y que guardan nuestros secretos, la gran mayorÃa están muy preocupados por la guerra, y muchos de ellos han perdido a sus familias por culpa de la Horda. Esta tierra es muy inhóspita madre, hecho de menos nuestro agradable bosque, nuestras fiestas nocturnas a la luz de la luna, y nuestra querida y tranquila naturaleza, pero tengo un deber que cumplir y que no permitiré que destroce nuestro mundo.
Lo primero que hice tras reconocer el terreno fue visitar el Templo de la Luna, y rezar una plegaria porque me acompañasen las fuerzas en mi búsqueda, allà fue donde conocà al humano del que os he hablado, y también a una elfa llamada Aillana, era una elfa que desprendÃa mucha sabidurÃa, o quizás era el templo, esta es una tierra muy extraña para mi.
He hecho un gran amigo en estas tierras, me ha ayudado mucho, su nombre es Beliken, y es cazador como yo, aunque es bastante mejor cazador que yo, por lo menos se le nota que conoce estas tierras mucho mejor.
Como os digo padre, aquà la mayorÃa de los elfos son gente de bien, siempre que me he encontrado con alguno, no solo ha sido muy educado sino que han procurado ayudarme en todo lo que ha podido, son gente noble, aunque estén a las puertas de una guerra.
Esta carta se está haciendo demasiado larga, solo querÃa escribiros para que madre no se preocupe, y para que podáis informar al consejo de sabios que he llegado bien, y sigo tras la piedra de “nikcah”.
Cuidaros, y si hay noticias nuevas, siempre podréis localizarme en la ciudad de Darnassus, esa ciudad es segura, esta muy bien protegida por nuestros ancestros y no caerá jamás en manos de la Horda.
Un beso madre y un abrazo para mi padre. Prometo no defraudaros y hacer que estéis orgullosos de mi, no dejare morir a nuestro bosque.
Tathar”
Misión cumplida, ya habÃa mandado el mensaje, y al hacerlo se habÃa dado cuenta de que ya tenÃa una preocupación menos, y podÃa prestarle más atención a su misión.
HabÃa omitido datos y situaciones vividas muy importantes, por no preocupar a sus padres, ya tendrÃa tiempo de relatar su historia cuando volviera a casa…si es que volvÃa, y contarles como el solo habÃa matado a un scorched basilisk mientras buscaba algo de soledad cerca del bosque.
Tras un suspiro mirando la caÃda del ocaso, nuestro joven protagonista se hecho a andar, era la hora de buscar un lugar donde dormir….










