CapÃtulo III: El gran Archidruida
Mientras estaba luchando contra los piratas en la BahÃa de Ratchet, un fiel halcón se poso en mi hombro, con un pedazo de pergamino atado en la pata. Algo me hacia pensar que aquello era importante, asà que me fui lejos de los piratas, dejando atontados a los que habÃa a mi alrededor para que no pudieran seguirme.
Una vez que estuve en un lugar tranquilo me dispuse a coger y leer la nota; ¿quien podrÃa saber que estaba en Ratchet? Desate con cuidado el pergamino de la pata del noble halcón, para desenrollarlo mientras le pedÃa a Elune que no fueran malas noticias.
“Te necesitamos urgentemente, te esperamos en Auberdine”
Era todo lo que ponÃa, ¿quien podrÃa ser? o mejor dicho ¿quienes? y ¿porque a mi? Decidido me puse en camino, tenÃa que cruzar todo Barrens y Asehnvale lo mas rápido posible asà que me dirigà hacia la salida de Ratchet, cuando justo en medio del camino me tope con el Gobernador Orco, Ferskrim; empiezan los problemas me dije a mi mismo.
- ¿A donde vas elfo? – dijo sin apearse siquiera de su montura.
- Pues veréis mi intención es ir hacia el norte a tierras elficas.
- No podéis cruzar Barrens sin mi permiso, es tierra de la Horda y sois non grato en ella.
- Entonces concederme dicho permiso – le dije esperanzado de que aquello no terminara en batalla, pues su aura era muy poderosa, aunque fuera un simple orco, podrÃa vencerme fácilmente.
- Haré una cosa, os concedo permiso para que atraveséis Barrens pero por el rÃo, no quiero que paséis ni cerca de Cross.
El tiempo apremiaba y de aquel orco testarudo no iba a conseguir nada más asà que acepte y partà rápido, usando el olfato para esquivar bestias y centinelas y asà no tener que dar explicaciones.  Una vez lejos de Barrens ya serÃa más sencillo llegar hasta Auberdine, pero era mucho trayecto y tardarÃa demasiado tiempo; algo me decÃa que era un asunto vital, que debÃa apresurarme. Asà que les mande una nota con el majestuoso halcón con un mensaje sobrio, sencillo y directo: “estoy de camino, llegare lo antes posible. Firmado: Tathar”
Al llegar a Asehnvale cogà un hipogrifo, cada vez notaba mayor opresión y era debido a la situación, algo no andaba bien por aquella zona, ¿pero el que?
Al llegar a Auberdine me quede asombrado, allà estaban, un grupo de Elfos, al cual mas poderoso, esperándome a mi, un simple guardián del bosque. Pero que sabia era la naturaleza, a vistas de ella todos somos iguales.
Éramos los elegidos, la madre naturaleza nos necesitaba y no podÃamos fallarle.
- Hay un árbol que necesita nuestra ayuda, un árbol muy poderoso pero que esta en grabe peligro – dijo Isyl, la que habÃa dado la alarma a todos nosotros.
- ¿porque que ha pasado? – preguntamos todos, algunos en voz alta, otros por lo bajo, otros para nosotros mismos…
- No hay tiempo que perder, lo sabréis de camino hacia allÃ.
Dicho lo cual decidimos dividirnos en dos grupos, unos rÃan en hipogrifo hasta Asehnvale y el resto por el camino, por si surgÃa alguna dificultad, algunos pudieran continuar con la misión.
Al llegar a Asehnvale esperamos a estar todos, allà se nos unió otro compañero de viaje, con lo cual serÃa mas fácil nuestra encomienda. Desde allà partimos hacia nuestro destino final, y aunque no era un camino complicado se notaba en los animales que pueblan aquellas zonas que algo pasaba, la mayorÃa de ellos estaban agresivos con nosotros, pero aun asÃ, llegamos al roble sin problemas mayores.
Al pie de la colina donde estaba habÃa todo un campamento de no muertos, que a parte de la pestilencia que desprendÃan se notaba en el ambiente no solo su hedor, sino también su maldad, y el daño que estaban haciéndole al bosque.
Nos pusimos alrededor del gran árbol, y empezamos a rezar algunas oraciones e invocar su alma para asà podernos comunicar con el.
- El bosque esta en apuros, y yo también – se escuchó proveniente del árbol, mientras las raÃces se movÃan lentamente a nuestro alrededor y el suelo temblaba como el latir de un corazón.
- conmocionados por la tan directa afirmación, empezamos a preguntarle que debÃamos hacer, querÃamos ayudarlo, librar al bosque de tanto mal.
- Deberéis eliminar cualquier rastro de mal de estas tierras, pero no podréis solos, necesitáis la ayuda de uno de los hermanos, aquellos que en su dÃa decidieron dormir eternamente hasta que se les necesitara. Elegir a cual queréis despertar y os diré donde se encuentra…
Tras dar todos nuestras opinión, y valorar la situación decidimos que le hermano druida serÃa el mejor, asà que tras decirnos su paradero fuimos a despertarlo pero….
Un ejército de grandes y malignos orcos nos cerraban el paso, eran demasiados para nosotros, pero aun asÃ, no nos quedaba más remedio que hacerles frente, aun a costa de nuestras vidas. Casi todos nosotros caÃmos inconscientes, unos antes y otros después exceptuando Palin, quizás el mas poderoso de todos nosotros.
Tras la batalla y restablecernos todos de nuestras heridas lo mas rápidamente posible corrimos hacia la fuente donde estaba el hermano dormido Druida que nos ayudarÃa a salvar el bosque. En aquella zona el aura que se percibÃa era sobrenatural y muy poderosa.
Tras las invocaciones a su espÃritu, poco a poco el gran druida surgió de las aguas azules de la fuente, su ser emitÃa una luz que nos cegaba, y que también lo cegaba a el, o quizás fuese la luz del dÃa después de tanto tiempo lo que le impedÃa abrir los ojos.
Con el paso de los minutos fue recuperando su fuerza de antaño y cuando pudo prestar atención a la historia que tenÃamos que narrarle, no se asusto, pero si pudimos apreciar como su rostro se ensombreció.
- Tranquilizaros, este asunto es muy serio pero no perpetuo, podremos resolverlo, pero ha de ser en su justo momento – dijo con una voz profunda y solemne.
- Ahora he de partir hacia Darnarssus para hablar con el archidruida jefe, es muy urgente. – Dijo mientras montaba en su gran corcel.
Se notaba en el ambiente nuestra conmoción, era un asunto mas grabe de lo que nosotros jamás hubiésemos llegado a pensar.
- ¿Me permitÃs el honor de partir con vos hacia Darnarssus gran Druida? asà podré avisar a los demás cazadores de la zona del peligro que hay -dije con una solemne inclinación, mientras miraba al suelo.
- Partir pues a mi lado joven Tathar.
Tras lo cual me despedà de mis compañeros de viaje y partà hacia Darnarssus donde avise a mis compañeros de profesión.














