Capitulo IV: de visita turística
Tathar estaba cansado, llevaba varios dÃas buscando el diente de Nikcah y aun no habÃa dado con el, empezaba a sentirse inútil para su raza y a pensar que todo estaba perdido ya. Eso fue lo que le impulsó a salir a conocer mas ciudades, pueblos y lugares; no por divertimiento, sino para tener mas posibilidades de encontrar la piedra que tanto ansiaba y que tanto bien harÃa a su bosque. Por eso a primera hora cogió un barco hacia Booty bay, le habÃan dicho que era un lugar importante, un puerto neutral desde donde podÃa llegarse a Stormwind, la ciudad humana, tras visitar la ciudad y aprovisionarse, estaba listo para partir, tendrÃa que esquivar a los piratas y a los animales de aquella zona, ya que no los conocÃa y últimamente Tathar no estaba en muy buena forma, el desanimo habÃa hecho mella en el. El viaje por tierra fue duro… era un viaje muy duro para el joven Tathar, pero eso no hizo que se rindiera… la desesperación lo habÃa conducido a un estado de determinación que le hacia sacar fuerzas de donde no las tenia, y eso fue lo que hizo que pudiera llegar vivo, habÃa alcanzado terreno desconocido, pero a la vez calmado y que el podÃa dominar, estaba ya en terreno de la Alianza, en el pueblo de Lion`s Pride Inn. Tras tan larga caminata estaba agotado, pero solo se dispuso a hacer un alto cuando de repente descubrio escondido entre la maleza a un troll. (¿que estara haciendo ahi?) despacio y haciendose el despistado Tathar entró en la taberna donde necontro a dos viajeros que le ofrecieron sentarse y hechar un trago ocn ellos, su nombres eran Gimilkhad y Tharandim, y ambos eran rudos y experimentados combatientes, por lo que, tras las debidas presentaciones se dispuso a contarles su descubrimiento.
- Creo haber visto un enemigo de la alianza ahi fuera, ¿sabeis algo? – ¿un enemigo de la alianza? ¿aqui? vayamos a ver. Con calma nos levantamos y salimos fuera, en efecto alli seguia el Troll que antes habia divisado nuestro aventurero, y tras un duro interrogatorio que no dio fruto alguno conseguimos acorralarlo contra el muro de la taberna para que no pudiera huir, pero el estaba decidido a luchar, por lo que, tras un feroz combate murio a manos de los tres combatientes.
Pasado un rato Tathar siguió su camino,estaba llegando a Stormwind, ciudad humana donde las haya, y no queria demorarse mas de lo necesario. La capital de los simples mortales era inmensa; sus puertas, siempre abiertas permitirÃan el paso a gigantes si aun existieran. Era una ciudad que desprendÃa majestuosidad y realeza por todas partes, y eso junto con el hecho de que estaba levantada por simples mortales hizo que la admiración de Tathar reluciera.
al entrar el ruido de sus pisadas hacia que los guardias lo miraran, sus ropajes sucios por el viaje le conferÃan un aspecto sombrÃo y curioso frente a los humanos bien vestidos que habitaban aquella ciudad, pero eso no hacia que su porte élfico desmereciera. Lo primero que hizo fue dirigirse a la taberna, debÃa asearse un poco, tras lo cual y sin dejar sus armas en la habitación, salà a la ciudad, visito la catedral, las tiendas, compró más flechas, e incluso fuegos artificiales, tras lo cual y con ayuda de un enano exasperado de nombre Naglfar que por allà andaba visito al maestro hipogrifo.
Aunque el viaje habÃa sido duro se sentÃa con fuerzas de sobra para seguir conociendo lugares, por lo que partió hacia Auberdine, donde cogió el barco hacia tierras desconocidas para el. Cuando desembarco en Menenthil Harbor no pudo sino fijarse en ella. ¿Quien era esa misteriosa y atractiva elfa? sus movimientos hacÃan imaginar que debajo de esos ropajes se escondÃa un felino, ya que con sus andares tranquilos y sinuosos embobaba el sentido. Saludos – atino a decir Tathar mientras se acercaban. - mi nombre es Tathar. Yo me llamo Tani - dijo ella sin apenas separar los labios y con una voz que parecÃa un eterno susurro; mientras dibujaba una traviesa sonrisa en su cara.
Tras una pequeña conversación de lo más común ambos partieron. Cada uno hacia su destino, su proxima parada Ironforge; a cumplir con sus quehaceres, mientras, Tathar pensaba que aquel encuentro fortuito en el muelle no volverÃa a repetirse (el mundo es muy grande), lo que no sabia Tathar era que volverÃa a encontrarla pocos dÃas después…. 







