Shaish Vs Rabeci (Capítulo I)
Abrí los ojos…. Oscuridad… Humedad… Moho… ¿Dónde me encontraba? No recordaba haber llegado allí. Recordaba… una llanura con escasos árboles pintados, un bosque ennegrecido, lúgubre… una cripta al final del camino, en lo alto de una loma, y los ojos ávidos y crueles de un ente putrefacto esperándome.
Recuerdo la firme decisión… la necesidad… de ir hacia ella, el firme convencimiento de que sólo ella podía aliviar mi pena, mi preocupación, mi desespero… Me uniría a ella por propia voluntad, le entregaría mi vida, mi alma y mi ser por entero… Sería su mano en todo cuanto desease y acataría sus deseos con el mayor placer de mi existencia. Sólo ella tendría potestad sobre mi, sólo ella podría decidir el camino a seguir… si me aceptaba.
Recuerdo haber extendido mi brazo, ofreciéndome, entregándome… nerviosa aun por la inminencia de, probablemente, un dolor agonizante que me ocasionaría la muerte… La mas dulce de las muertes, me acercaría a mi señora, a mi Dama, a mi nueva Ama, a mi única dueña y señora, a mi guía entre las sombras.
Me levanté del nicho que había resultado ser mi tumba durante… ¿cuánto tiempo? Estaba muerta, al fin… No importaba el tiempo, era algo efímero, relativo. Era cuanto había buscado, ella me lo había prometido y había cumplido su promesa, y yo, cumpliría la mía agradecida por el tan preciado don que se me había concedido, por concederme la inmortalidad que tanto había deseado, anhelado, necesitado… Sólo ella tenia el poder para concedérmelo, y lo había hecho. Y yo… Yo sería suya por el resto de la eternidad con mi eterna gratitud y voluntad de cumplir todos sus deseos fueren cuales fueren. La sensación era extraña… Sentía, pero de forma diferente. La sangre corrompida fluía aun por mis venas, espesa, pero mi corazón no latía, se negaba a obedecer mi voluntad, muerto. Mi piel se había tornado pálida, casi azulada por la falta evidente de oxigeno. Jamás recobraría la tonalidad dorada que conservó en su día. No me importó. Era un sacrificio insignificante en comparación con lo que había obtenido. Me sentía vital, y al mismo tiempo me sentía agarrotada. Me sostenía en pie a duras penas mientras aun me acostumbraba a la nueva situación. Mis músculos me obedecían, reticentes al principio. Cerré el puño mirando mi mano, experimentando, comprobando cómo obedecía simplemente a mi deseo de moverlo. Un cuerpo muerto animado con el poder de la voluntad de mi señora. Su magnificencia era infinita, y yo formaba parte de su obra. Busqué a tientas la salida de la cripta. Era de noche y la oscuridad daba a los árboles una imagen aun mas sobrecogedora, podía comprobar cómo su vida se esfumaba lentamente, la muerte se extendía en la naturaleza otorgándole un aspecto sublime, era maravilloso ver la obra de mi señora en el entorno, me sentía en casa, en mi hogar… Tras buscar una ropa adecuada fui a reunirme con quien me advirtieron era la mano derecha de mi Señora. Sólo el tenia el privilegio de hablar con ella y conocer sus designios, sus planes, su voluntad, sus palabras… Rabeci Rabeci resultó ser un gurthdorei de gesto serio, opresor, angustiante. Su frialdad y su gesto ensombrecido no me resultaban desagradables, pero su forma sutil de intentar que le fuera fiel y leal sí lo era en cambio. Solo serviría a mi señora, sólo le juraría lealtad a ella, aunque ello implicase ayudar y servir también a la raza forsaken y al propio Rabecy, mi lealtad solo la implicaba a ella, y a nadie mas. Es altivo y orgulloso, de lengua afilada e hiriente, pero no por ello logrará que baje la cabeza ante él, no por ello logrará que le respete y obedezca. Él es la voz de mi señora… pero no siempre habla en su nombre, y es entonces cuando pretende que le sea sumisa. Espera obediencia de quien no le debe tal privilegio, y no le daré ese placer si no se lo gana como es debido. Respeto su posición, no a él. Aun recuerdo el juramento… aquel éxtasis contenido de prueba de fidelidad a mi Reina. - Juro lealtad a mi señora, Lady Sylvanas, obedeciendo sus deseos como órdenes, y sus designios como mandatos innegables de su voluntad. A su vez, y siendo deseo de mi señora jurar lealtad a la raza forsaken, juro lealtad como la mas humilde servidora, siguiendo los fines que se establezcan sean cuales fueren. - ¿Protegerás a tu reina y señora con tu vida? - Con sumo gusto Aun así… me intriga. Se que no toleraría la desobediencia de cualquiera, sin embargo tolera mis rebeldías hacia sus deseos propios, cuando me ordena que no me mueva y lo hago a sabiendas de que le molesta. No voy lejos, pero desobedezco su orden desafiando constantemente su autoridad. Me niego a acercarme cuando me ordena que me acerque, me niego a seguirle cuando me ordena que le siga… sin embargo tomo su mano cuando me invita a acompañarle.







