Viviendo tras la muerte (Capitulo II)
Increíble…Aun cuando le concedí algo que ni siquiera había pedido, aunque yo sabia que lo deseaba, todos lo desean, algunos esperando un trato especial, otros esperando subir puestos en nuestra sociedad, o solo ser invitados a la sala de la dama, y unos pocos, como ella, solo por puro agradecimiento desean dirigir unas palabras a la dama, aunque estas saliesen de mis labios y no de los suyos, era algo sin maldad, tan solo un gesto de buena voluntad por mi parte…pero…no volveré a cometer ese error… tan solo le basto que mi guardia bajase un momento para arremeter contra mi…para herirme aunque no dejara traslucir mas que una mascara de absoluta indiferencia.

- Algunos agradecen que les transmita algún tipo de mensaje a nuestra Dama Sylvannas…
- Y vos esperáis que yo os lo agradezca….como los demás…pues para variar no lo haré…así lo disfrutareis…
- Quizás… - Atine a decir aun recuperándome de esa gelidez que había invadido mi cuerpo al oír tan irreverentes palabras…ganas me dieron de torturarla de dolor allí mismo…de encerrarla con los humanos para que disfrutasen un rato…pero no…no debía…eso solo satisfacería un sentimiento de odio tan fugaz como un latido, algo que no tenia comparación con mi curiosidad…con mis deseos reales…
Rabeci abre con tranquilidad las puertas que dan a la sala de recepción de la Dama, aquella a la que venera respeta y protege, y por la que no solo dio su vida sino que daría también su eternidad…. Avanzando hasta delante de ella e hincando una rodilla en el suelo en señal de respeto…llevaba ya muchos años siendo recibido por su dama, siendo su mano derecha pero aun así…aun conservaba esa costumbre.
Vamos Rabeci levántate…mi mano derecha no debe arrodillarse y menos estando ambos solos…es innecesario ya te lo he dicho en numerables ocasiones
Si mi señora – levantándose lentamente- es la costumbre…
Cuéntame las nuevas de hoy – dijo la dama mientras caminaban a sentarse en un pequeño banco, construido en su día por elfos….como único recuerdo de su pasado.
Rabeci no oso sentarse, era algo que nunca hacia salvo cuando ella se lo pedía, y en esta ocasión no fue el caso, por lo que permaneció altivo y a la vez humilde delante de ella, narrando los hechos del día.
¿hoy ha despertado algún nuevo hermano?
Aun no nos han informado de ninguno pero…ha llegado una Gurthdorei que despertó recientemente, su nombre es Shaish majestad.
¿Shaish? Es una magnifica noticia…puede que en el futuro desempeñe una importante misión… ¿A quien encargaras su educación?
Pues…desearía encargarme yo mismo si vuestra merced tiene la gracia de concedérmelo – Dijo inclinando la cabeza suavemente, la dama era la única persona que se había ganado su lealtad, su respeto y su…amor…no, no era amor era…admiración…
La mirada de Sylvannas no podía sino dibujar curiosidad en su rostro mientras estudiaba al que quizás era su único confidente, aquel en quien confiaba plenamente y que ahora le asombraba con una petición que no necesitaba hacer y que no esperaba. Cuando Rabeci le contó lo ocurrido no pudo sino sonreír ante la situación.
No la maltrates demasiado…ya era hora de que alguien se atreviese a hablarte de esa forma, te hacia falta algún reto…tómala bajo tu brazo protector y ajusticiador, me parece bien.
Gracias mi señora, mañana mismo empezare con ella, no os defraudare.
Cuando Rabeci abandono la sala de audiencias, lo hizo portando una cruel sonrisa en sus labios y una chispa de impaciencia, de curiosidad, de deseo alumbraba sus ojos (pagara la afrenta que me hizo hoy…)
Y vaya si la pagó, tan solo un día tubo que esperar para obtener la venganza que tanto ansiaba… (A mi nadie me habla así…). Su entrada al laboratorio estuvo seguida de un pequeño alboroto… (Los apotecarios cuchicheando… ¿que habrá pasado?)
Tú – dijo señalando al apotecario mas reciente – ¿Qué ocurre?
No…nada…nada mi señor…es solo que…la Gurthdorei de ayer…bueno…a desordenado la biblioteca…
¿Cómo? – sus ojos se cerraron dejando apenas una pequeña rendija que le permitiese ver, confiriéndole una expresión y un rostro que denotaba la peligrosidad del momento, el apotecario temiendo ser victima de su ira tan solo se atrevió a señalas la librería.
Los pasos de Rabeci resonaron en todo el laboratorio, era un efecto que se acrecentaba gracias a los muros de piedra, quizás por eso le gustaba tanto el laboratorio, sabia que sus acólitos mas de una vez habían comentado que cuando se enfadaba ese martillear rítmico producido por su desplazamiento les recordaba angustiosamente al sonido inevitable de los tambores enemigos en una batalla; “mientras suenan es angustioso, oprimente pero sabes que al parar….al parar comienza todo” le gustaba producir esa sensación de peligro, de miedo, de poder.
Sus pasos lo llevaron hasta la estantería cargada de libros, hasta entonces los apotecarios que habían pasado por aquel laboratorio habían ido ordenando los libros según la cronología de adquisición, dejando los mas nuevos, aquellos que menos conocían y que por ende mas consultaban en la parte de arriba; pero ahora…ahora el orden era bastante mas distinto, quizás no fuese tan útil para aquellos apotecarios apolillados pero era sutil, elegante y lo que mas le importaba a el…lógico.
¿Dices que ha desordenado la librería?
S…si..si señor…antes estaban por…
Se como estaban ordenados antes…de una forma absurda…yo solo veo pulcritud en esta librería…mantenerla así
Ninguno de los presentes se hubiese atrevido a contradecir una orden tan directa, sabían que el castigo mas usado por su señor era el desmembramiento, y no dudaba en aplicarlo; tan solo uno tuvo la valentía de hablarle y recibió una respuesta que jamás hubiese esperado.
Señor…a… ¿a quien encargareis la educación de esa jovenzuela? – Pregunto quizás esperando ser el su maestro y así poderse beneficiar de los privilegios que ello ocasionaba.
Yo mismo la instruiré en toda arte Forsaken… será mi discípula.
Si..si señor… tendrá un magnifico maestro pues…
Rabeci suspiro sin poder evitar un atisbo de enfado (otro comentario desmedido…más acorde a mi rango que a mi mismo…) girándose de golpe los miro uno a uno.
¿Por qué no estáis trabajando? –su tono sonó amenazador ocasionando que todos los allí presentes se ajetreasen en recuperar el tiempo que habían perdido, incluso los ojos de aquella cabeza que ocuparía la cúspide de un nuevo guardia se desviaron evitando su mirada.
El resto del día transcurrió sin ningún incidente importante, al menos hasta que ella apareció…seguía usando la misma túnica del día anterior… no podía permitir que su discípula llevase esas ropas era antiproducente para el (lo primero es lo primero, ya atenderemos las vestimentas mas tarde…) Con calma la saludo y la condujo hacia la mesa de alquimia, y comenzó a preguntarle sobre el libro que el le había recomendado leer el día anterior. Por supuesto contesto bien las preguntas (claro que lo sabe…uno no ordena toda una estantería de libros porque si…los ordena porque los esta leyendo….).
¿Y bien? ¿Ya os sabéis decantado por algún camino en concreto?
Si, serviré a mi dama mediante la alquimia, y me esforzare para algún día poder trabajar en la nueva plaga que tanto desea, aunque se que algún me queda mucho para ello…
Así es…te queda mucho aun….
Con calma Rabeci se dirigió a una estantería que ella aun no había leído, pues seguía manteniendo aquel absurdo orden que tanto apreciaban sus acólitos, y saco un libro sencillo sobre plantas y pociones.
Os recomiendo empezar por este libro para mejorar vuestra alquimia…
Ayer pregunte al Apotecario Faranell y me recomendó este…sobre los principios básicos de la alquimia – Dijo ella mientras le mostraba el libro
Humm si, tenéis razón… -al instante una sonrisa de suficiencia y crueldad alumbro su rostro dándole un aspecto tranquilo pero a la vez macabro – seguir con lo básico…
Así lo haré…
Aun siendo ella capaz de mantener su tono neutro y carente de emoción Rabeci sabia que aquella simple frase, aquel comentario tan cruel, la hería, y lo supo sin necesidad de mirar sus ojos. Ahhh como disfrutó de aquel momento, por fin se cobraba la venganza por la osadía que había demostrado el día anterior, por fin le dejaba claro hasta que lugar le iba a permitir llegar enseñándole que sobrepasar el limite con el, era algo extremadamente peligroso. Mientras Rabeci se deleitaba en la situación que el mismo había creado no podía apreciar nada mas que el tacto que sus dedos aun mantenían con el libro que estaba devolviendo a su lugar, en la estantería hasta ahora desordenada; poco a poco su mente se reconcilio con su cuerpo volviendo al plano terrenal, manteniendo el disfrute por aquellas mordaces palabras que tantas horas llevaba deseando soltar, lejos de el, permitiéndole así, oír los pasos de su aprendiz alejándose. (Aun no hemos terminado la clase…)
¿A dónde vas? Aun no hemos terminado – se obligo a si mismo a ponerse en movimiento y bajar uno a uno los peldaños que lo separaban de la escalera – hoy tienes mucho que aprender, haz el favor de seguirme…
Si, había dado en el clavo, esas palabras…”haz el favor” tan solo una nimia muestra de petición, un atisbo de sugerencia, eso era lo único que ella quería…cortesía, que no le ordenasen sino que se lo pidiesen…pero a la vez esas mismas palabras iban cargadas de autoritarismo, eran una orden formulada de forma suave, de forma cortes, y ella lo sabia pero no le importaba, (hoy será un largo día…)
Y largo fue, sobretodo para aquel enano…un robusto pelirrojo, de barba anaranjada como el sol y tórax musculoso, pero que nada tenia que hacer contra los barrotes de la jaula donde fue metido, mientras el pánico inundaba sus ojos y sus, hasta aquel momento compañeros de celda lo miraban con pesadumbre y miedo…miedo de ser los siguientes.
Shaish…- dijo Rabeci mientras la conducía frente a una enorme rueda de cobre- si giras esta rueda a la derecha…soltarlo….si la giras hacia la izquierda morirá engrosando las filas de tu señora
Casi antes de que hubiese terminado la frase Shaish sin pensarlo dos veces giraba la rueda hacia la izquierda mientras miraba curiosa como el enano era atravesado por un rayo proveniente del aparato situado en el techo.
Así comenzaron sus clases…aquellas que la llevarían a torturar física y psíquicamente a los presos de Rabeci, obteniendo de ellos información, no solo ya para su dama, sino también para sus estudios.
(Curiosa forma de torturarlos…no usa dolor…solo los hace desconfiar unos de otros…los hace desear vengarse…al precio que sea…por un momento, olvidan que sus dos ciudades son bastiones interconectados y que la una sin la otra no sobrevivirá…curioso…muy curioso)
Los días transcurrieron, primero un enano, luego dos, al día siguiente fueron una humana y dos enanos los que sufrieron aquella tortura psicológica…hasta que un día…
“Estos son los apuntes de un pobre estudioso, obsesionado con la muerte, con el fin, con la nada…que ha decidido estudiar lo desconocido para así darlo a conocer, para preservar algo de el cuando ya no este en este mundo…”
Así comenzaba el prologo del libro que Rabeci tendió a Shaish , para que así aprendiese algo mas sobre la sociedad Forsaken, sobre sus costumbres…como ella le había pedido, deseaba saber mas sobre su propia raza y Rabeci disponía del libro adecuado para ello.
Tras un día de febril ajetreo en el laboratorio, había llegado el momento de avanzar, de proseguir con su educación. Rabeci se dirigió al acceso a sus aposentos seguido por Shaish, la cual mostraba una cara de sorpresa al ver como aquel muro, que días atrás la había resguardado mientras se bañaba ahora dejaba paso a una puerta, una puerta que atravesaría muy a menudo, y que conducía a los aposentos del segundo ser mas importante en aquella ciudad…Rabeci.
Amplio y sobrio….esas son las dos palabras que mejor describían lo que la joven Gurthdorei descubrió. Aquel amplio aposento, se dividía en 3 grandes habitaciones, y aunque solo vio una, Rabeci supo al instante que le gustaba el lugar.
La altura a la que se encontraba aquella sala, llena de libros, de conocimiento, de sabiduría, acallaba el rumor de la bulliciosa ciudad, y a la vez, permitía un control completo de esta, rodeándola, vigilándola, estudiándola…igual que los ojos de Rabeci la estudiaban a ella desnudando su alma con la mirada a cada paso que daba; mientras ella se centraba en admirar su colección de libros el escudriñaba su tez, sus movimientos, su mirada, sus gestos…su esencia…
Me habías pedido un libro sobre nuestra sociedad, sobre nuestras costumbres…aquí tienes….uno de mi propia biblioteca – dijo Rabeci mientras su huesuda y férrea mano agarraba lentamente uno de los libros de su estantería, rigurosamente ordenada según la lengua en la que estaba escrito. Mientras Shaish salía de su estupor.
Su cara era la de un pirata que recientemente ha adquirido un nuevo tesoro, sus ojos no dejaban de recorrer la cubierta de aquel libro que sus manos acariciaban con el mas exquisito de los cuidados, transmitiéndole el mismo mimo, y cuidado que una madre transmitiría a su hijo; dejando traslucir el deseo innato por el, por su conocimiento, por su contenido, como si un amante siempre fiel fuese para ella.
Pero había algo mas que Rabeci aprecio, que no pudo dejar pasar, sus manos, esos instrumentos casi perfectos, esas obras de arte a medio esculpir, aquellas con las que trataría su libro…estaban dañadas, y amenazaban con dañar su libro.
Con una suavidad ajena al tiempo, ajena al estado en que un ser se encuentra tomo su mano, acariciándola, examinándola con extremada lentitud, mirando con recelo las espinas que la cubrían (posiblemente aun sea algo inútil recogiendo plantas, no puedo permitirle usar mi libro así, podría dañarlo…) Con decisión los dedos de Rabeci extrajeron la primera de las espinas. Era un gesto nimio, sin ninguna finalidad mas que preservar su libro, su amado libro pero…
Shhh –ese fue el sonido que produjo Shaish mientras sus músculos se contraían por la sorpresa llamando la atención de Rabeci, despertando una vez mas su curiosidad, esa devoradora de sombras que lo invadía cada vez menos a menudo.
Cuando levanto la vista mirando su cara, encontró sus ojos, clavados en el, conteniendo una sorda pregunta, una advertencia, un aviso…que ignoró. Buscando una nueva espina sin apartar su mirada de la suya, acariciando su mano con el paso de sus dedos, hasta que al fin encontró lo que buscaba.
Con lentitud inusitada, con la intención de dejarle sentir aquello que apenas había podido notar, saborear el dolor que una simple espina le producía…la extrajo dejando que sintiera como su carne se cerraba según la extraía, estudiando su rostro, sintiendo como se contraía todo su cuerpo al contacto con su piel, al sentir el roce de aquel extraño cuerpo que abandonaba su piel.
(Aun hoy me pregunto porque no retiro la mano…) Rabeci sabia que le había dolido, lo había sentido, para el apenas era una molestia, a penas lo notaba pero ella….ese rictus apenas contraído, esos ojos mirándolo…(si…disfrutara…) no pudo evitar seguir acariciando su mano, el deseaba que ella disfrutase tanto como el, deseaba que le pidiese que siguiese, que gozara….que aprendiera a vivir el dolor en su mas pura esencia…pero por otro lado…deseaba su contacto, le agradaba que no le temiese aunque a la vez le desconcertaba. ¿Debía tomarlo como una muestra de altivez y desafió? ¿O simplemente significaba que lo entendía?
Mientras estas preguntas se agolpaban en la mente de la mano derecha de La Dama, no pudo sino dejar ir su mano, en un gesto sereno, de libertad, era su forma de decirle que no tenia que soportar su contacto, que no hacia falta si no lo deseaba pero ella…no la aparto…pero incluso muerto el tiempo juega malas pasadas y al cabo de lo que para el solo fue un instante…ese sutil contacto, eso que tanto añoraba su piel…se perdió.
Sus gestos decían mas que sus palabras, mas que sus miradas y el lo sabia, sabia que era vulnerable en ese momento, que dejaba al descubierto algo de su ser, pero aun así, no retrocedió, no podía mostrar debilidad, era la mano derecha de la reina, era su voz, su imagen, su representante.
Mientras la observaba no pudo evitar que sus labios emitiesen un “¿Qué buscas?” la curiosidad siempre fue su punto débil, lo sabia pero no podía hacer nada, aquello que ayudaba a prepararlo para enfrentarse a sus enemigos acabaría matándolo (la curiosidad mato al gato pero yo…yo no soy un gato) “unas pinzas…aun me queda una espina y no soy muy buena sacándolas.” ¿Aquello era una muda invitación? ¿Era el sonido sordo de una petición? Si…así debía ser, ella deseaba sentir mas dolor, tenia curiosidad…eso era lo que la mantenía tan cerca de el…su conocimiento…el podía enseñarla, ella ansiaba conocer…era lo único que deseaba…pues así seria….







